¿Cuántos besos caben en un secreto?

Me suenas a Pachelbel

Cerré los ojos y parecía que a quien besaba era a ti. Y así quedé inmóvil hasta descubrir por qué me gustabas.

 

Desgracia:

 

Me suenas a Pachelbel y por eso me gustas.

Porque desde el principio pintaste al amor en una variación y tus pestañas imitando violines convirtieron en ostinata la mirada.

Me suenas en D mayor y por eso me gustas, porque el diapasón de tu memoria precisa los acordes de las 28 variaciones que hoy te hacen eterna.

Las partituras escondidas en los poros de tu voz se robaron los compases de una canción que se construía con lo que un loco con piedras en los bolsillos decidió que era el amor.

Me suenas a Pachelbel y por eso no te puedo tener.

Porque, aunque intenten imitar el preludio, ninguna tocara la sonata de tu ausencia.

Me sabes barroca y por eso no te suelto.

Pero a pesar de saber que entre nosotros no pasara nada estoy tranquilo, porque sé que las notas son quienes se adueñan de tu espalda y en las noches antes de dormir te murmuran lo mucho que te he querido.

Cuida mucho de tu soledad porque un día llegare a robarle un beso y como estaremos vestidos el pudor ya no podrá quedarse. Pero hoy me llevo dentro der la maleta noches en las que no dejo de pensarte, letras de un mañana que no sucederá y miradas a las que les duele la voz de gritar tu nombre.

 

Te amo desgracia.

 

Recordándote como la primera nota en el compás

Infierno.

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