Ella coma punto

A fin de cuentas

A fin de cuentas te convertiste en un cuarto vacío, con una silla esperando por ti; las once de la mañana se convirtieron en madrugada y yo estaba ahí a las dos de la tarde con la misma tristeza de quien pierde lo que más ha querido.

Esperando, como la lluvia espera que la detengan, como si fueras primavera gritándole al invierno que le roce la espalda, te esperaré mientras mi pie marca el tiempo que tardas en perder la paciencia. Los cigarros se han vuelto mi manera más fiel de quererte, como si en el tabaco te encontraras tú, como si tus labios supieran a vainilla en mi boquilla. Creyendo que el humo que en mis pulmones se esparce es el que me está matando y no tú.

Escribirte es la forma de engañarme, con un recuerdo que no existe ni en el día más bello, con la esperanza que detengas tu paso y me preguntes la hora, la vida, el amor. No te quiero a ti: quiero tus labios y robarme todos tus deseos, quiero tus pupilas dilatadas por mi paso y un verano que sepa a mis mejillas empapadas por el aire.

Tu cabeza de lado, esperando una sonrisa que no se parece a la mía y yo impaciente buscando el partido en tu memoria. Será que dentro de todo lo diferente que hoy vivimos existan segundos destinados a juntar nuestros suspiros. Yo te lo pregunto claro como el café que se diluye en mis lágrimas, ¿será que me escuchas cuando finjo que tu presencia es una fotografía, que tú y yo somos una voz con partituras barrocas o sólo el olor de los latidos cuando sudan y no han bañado al sentimiento?

Si alguna vez alguien se enterara de tí en mí, dejaría al silencio que intercediera y ahí me encontraría yo, sola como aquella silla que solo es amada por el medio día.

Si un día llegas a quererme y me detienes para preguntarme por el amor, te prenderé junto a un cigarro y será mi cabello el que se ponga detrás de tu oreja. Nunca te diré cuanto te quiero porque no se puede contabilizar lo que no ha empezado, pero haré un cielo lleno de cartas que aniden letras que vuelen hasta tu puerta y la manchen con tinta sepia. Porque la vida es luchar, luchar por no ser el acento que nadie escribe pero saben que debe estar ahí, luchar porque me pongas en todas tus letras y no me dejes de escribir.

Si un día me gritas que me permites quererte, lo primero que haré será escribir hasta que mis dedos terminen siendo los restos de un extintor después de apagar un incendio y al día siguiente al volverte a mirar, te regalaré la llave del laberinto que se esconde en mi mirada, con la intención de que me quieras, que me conozcas y suspires en mis venas.

Contradíceme si es que no me observas, si en la noche a tu almohada no le cuentas tus secretos; miénteme si quieres, pero no me niegues que las letras derriten tus pensamientos, que las notas de una melodía las sientes recorriendo tus coyunturas como si te hicieran el amor; miénteme todo lo que quieras pero no confundas a mi insomnio, deja de decirle a mi mirada que se pierda con la tuya; sólo avanza y dile al viento que te lleve lejos, tan lejos que no pueda olerte, tan lejos que cuando me ría se escuche sólo la intermitencia.

Con en el corazón en cada mirada.

Infierno.

MM

 

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