Ella coma punto

Treinta

No conozco tu olor y aquí me tienes buscándolo, sin más señales que una mirada vaga que parece accidente y no coincidencia. No escuchaba tu voz y fue hasta ayer que he podido descubrir que es espesa y misteriosa como tu cabello negro.

Estas ganas de escribirte son tan contrarias a la realidad que me es imposible tomar una pluma y  contenerme las ganas de imprimirte, como si fueras hoja de papel vacía o una pieza de Schuman sin música.

Te quiero recargado en una silla, riéndote de la sinfonía de mis besos y de las cartas que escribí cuando estaba enamorada. Quiero mis dedos perdidos y llorando como niño en el lacio de tu pelo, dejar de pedirle al cielo que me deje el resto de la vida anclada en tu memoria y saber que algún día sin que yo te lo recuerde, en tus noches obscuras me veas a mi y sonrías de recuerdos, en lugares vacíos que nos atrapan y no dejan de reír.

Mi mirada pide segundos de más para mirarte y ya no se como explicarle que así no son las cosas, que no debo bajar la mirada cuando tú la encuentras. Pero aún no me conoces, no sabes que mi pluma duerme hasta la media noche, que mi pecho parece que está lleno de aire pero en realidad son suspiros guardados; no te imaginas que te sueño como película en el auto y que las manecillas del reloj son las dueñas de mis piernas.

Y tal vez es por eso que te quiero, aunque no me veas y entre nosotros sólo existan metros de distancia, porque me provocas letras fluidas y llenas de sentimiento, y mi mente se acuesta a dormir y me acabo cartuchos enteros de tinta; me gustas y mucho, te quiero a ti y sólo a ti, a tu inseguridad y tu mirada distraída. Quiero tu voz que parece encerrada y la quiero para sacarla a gritar hasta que deje sordo al viento y te culpe a ti de ser distinto.

Te quiero y ya no estoy mintiendo, nunca he hablado tan serio, te quiero un mes completo para besarte y el tiempo que nos sobre lo quiero para soñar contigo en el café y recordar las notas que en nuestro pecho suenan cuando la tarde anuncia que nos tenemos que despedir.

Si estás de acuerdo paso a buscarte en el amanecer, cuando tus ojos todavía no despierten y ahí me cuentas si te gustan las canciones de amor. Responde rápido porque a mi ya no me salían estas letras, como si el cielo se hubiera llevado las yemas con mi esencia y aquí me tienes escribiéndote como cuando la melancolía regresa a anunciarme los mejores versos.

Con el corazón en la mano.

Infierno.

MM


Imagen: Helena Perez Garcia  http://www.helenaperezgarcia.co.uk/

 

Un comentario sobre “Treinta

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